Mañana cumpliré 25 años. Un cuarto de siglo de errores y aciertos merece un balance emocional. Me considero feliz de haber optado por una profesión y un oficio sacrificados, pero gratificantes. Siento mucho haber perdido amigos por rencillas innobles. Lamento, para quienes lastimé o decepcioné, haber extremado mi compromiso hacia las libertades individuales, sin arrepentirme ni retractarme. Me enorgullezco de mi familia, deploro mis instantes de ingratitud y crueldad, incluso cuando la pasión provocó una rebeldía enfermiza, un amor intransigente. Celebro haber publicado un libro, haber terminado una carrera, haberme reunido durante tres años consecutivos cada fin de semana con mis mejores amigos guardándoles una fidelidad fraternal, haber querido a tres mujeres de manera errónea, sobredimensionada y desilusionada, haber marchado contra una dictadura, haber tolerado la hepatitis, la epilepsia y la fiebre de Malta, conocer España y Suiza, haber trabajado con honradez y beneplácito al frente de decenas de estudiantes de la universidad más importante de mi país durante siete semestres, haber dicho o escrito cosas indebidas en momentos cruciales, ser beatlemaníaco sin cura, aficionado al anime y las papas al hilo, fan de Transformers, hincha de Alianza Lima y enamorado imposible de Audrey Hepburn, haber reseñado en la Vaca Profana, haber hecho política estudiantil y aprendido latín, inglés, francés y algunas palabras en quechua. Deploro haber maltratado a personas inocentes, haber secado mis lágrimas desde los catorce años, haber pegado afiches de Alan García en 1985, haber defendido a Fujimori, haber gastado mis propinas en chicles y galletas, haberme emborrachado hasta perder la conciencia y seguir creyendo en la bondad humana aún cuando Hobbes siguiera reprochándomelo. (más…)












