Diario de Ginebra

Un salto de agua, una silla rota, las Naciones Unidas, la Cruz Roja, la tumba de Borges. Entre los 444,444 habitantes de la ciudad más internacional, limpia y puntual del mundo, habita un recién llegado, hambriento y presuroso de alcanzar el tranvía para tropezarse en plena rue de Laussane, cargado de esperanzas, impermeables y una hosca laptop. Este es un testimonio periódico de su estancia a orillas del lago Leman mientras delira entre quesos, relojes, chocolates, restaurantes kebab y pickpockets de la gare de Cornavin. La cotidianeidad de Ginebra, sus lerdos y felices lugareños, el déficit de alojamiento y la ausencia del pan francés: el autor les regala con desinterés la llave del diario.

Los exámenes y el Rigi Febrero 4, 2008

Archivado en: Comentarios, Curiosidades — gallardocarlos @ 10:54 pm
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Mañana cumpliré 25 años. Un cuarto de siglo de errores y aciertos merece un balance emocional. Me considero feliz de haber optado por una profesión y un oficio sacrificados, pero gratificantes. Siento mucho haber perdido amigos por rencillas innobles. Lamento, para quienes lastimé o decepcioné, haber extremado mi compromiso hacia las libertades individuales, sin arrepentirme ni retractarme. Me enorgullezco de mi familia, deploro mis instantes de ingratitud y crueldad, incluso cuando la pasión provocó una rebeldía enfermiza, un amor intransigente. Celebro haber publicado un libro, haber terminado una carrera, haberme reunido durante tres años consecutivos cada fin de semana con mis mejores amigos guardándoles una fidelidad fraternal, haber querido a tres mujeres de manera errónea, sobredimensionada y desilusionada, haber marchado contra una dictadura, haber tolerado la hepatitis, la epilepsia y la fiebre de Malta, conocer España y Suiza, haber trabajado con honradez y beneplácito al frente de decenas de estudiantes de la universidad más importante de mi país durante siete semestres, haber dicho o escrito cosas indebidas en momentos cruciales, ser beatlemaníaco sin cura, aficionado al anime y las papas al hilo, fan de Transformers, hincha de Alianza Lima y enamorado imposible de Audrey Hepburn, haber reseñado en la Vaca Profana, haber hecho política estudiantil y aprendido latín, inglés, francés y algunas palabras en quechua. Deploro haber maltratado a personas inocentes, haber secado mis lágrimas desde los catorce años, haber pegado afiches de Alan García en 1985, haber defendido a Fujimori, haber gastado mis propinas en chicles y galletas, haberme emborrachado hasta perder la conciencia y seguir creyendo en la bondad humana aún cuando Hobbes siguiera reprochándomelo.

 

Este soy yo, 25 años después de Jesús María, San Miguelito y Las Leyendas. El fin de semana estuve de vuelta por Rudolfstetten en una visita sorpresa donde mis tíos Samuel y Nidia, quienes me recibieron con los brazos abiertos, pese a mi inesperado arribo. Me conozco el camino completo de Ginebra a Zürich y los apuros para alcanzar los trenes en Dietikon. Mi ignorancia completa del alemán es un hándicap que pudo provocar percances cómicos (en cierta ocasión, mientras esperaba mi emincé en el restaurant del tren, la controladora de pasajes me pidió el tiquete y no pude encontrarlo sino tras rebuscar hasta seis veces en cada bolsillo). Pasear por las colinas cercanas donde queda el pequeño pueblo anexo de Friedlisburg, con sus caballerizas, techos a dos aguas y cobertizos para las maquinas agrícolas me deparó un descanso luego de la intensa temporada de exámenes y atestaciones universitarias.

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Vista del Rigi desde el Pilatus con el lago de Lucerna. Créditos: Google Earth

En Suiza, el sistema de calificaciones y examinación difiere del modelo peruano de evaluación continua. Aquí no existen las pruebas preparatorias, prácticas calificadas, parciales o trabajos de medio período. Incluso tampoco existe la inscripción propiamente dicha en determinados seminarios aunque la asistencia suele considerarse como un factor de calificación. Los cursos de las universidades están organizados en módulos de dos o tres cursos a elección del alumno. Uno de estos cursos o seminarios debe validarse mediante un examen, sin embargo, para proceder a la evaluación, debe presentarse los trabajos escritos de atestación del resto de cursos. Difícil de comprender a primera vista, pero sencillo cuando se conduce a la práctica. Por ejemplo, para mi módulo de literatura latinoamericana (MA2), debí presentar dos atestaciones correspondientes a los cursos de Épica colonial y Literatura fantástica del XIX. Sólo entonces se validará la nota que obtenga en mi examen del curso de Romanticismos y modernismos. Cuando un módulo no se cierra en febrero, debe cerrarse en junio. Por ejemplo, para el módulo de literatura española (MA1), he llevado dos cursos: Épica medieval y Poesía del renacimiento. Para completarlo, deberé cursar otro seminario que se dictará en este semestre (por ejemplo, Literatura catalana) y habiendo definido qué curso mandaré al examen, presentaré mis atestaciones. (Alguien más previsor o más desocupado hubiera aprovechado este semestre para presentar alguna de esas atestaciones, digamos, la de Medieval, pero no es obligatorio sino hasta diez días antes de comenzar la temporada de junio).

Desintoxicado de Ginebra por algunos días, la tranquilidad de Rudolfstetten me permitía reciclar mis ideas, despejar mi mente y respirar aire puro. El sábado por la mañana acompañé mi tío a hacer unas compras en la Migros de Berikon y aproveché los precios de rebaja para cargar con galletas, queso y champiñones. El almuerzo de esa tarde fue salmón del Atlántico, un delicioso pescado de carne roja que me provocó un recuerdo proustiano de las truchas del Centro. Sin embargo, la verdadera experiencia imborrable vendría al día siguiente, cuando mis tíos me ofrecieron subir una montaña en los Alpes.

El pueblo de Weggis, a orillas del Lago de los cuatro cantones, recibió en 2006 a la selección brasileña de Ronaldinho Gaúcho, Ronaldo, Kaká, Robinho, Baptista y demás estrellas durante su período de preparación para el mundial de Alemania. Este bello rincón de Lucerna acoge también la estación del periférico, medio de ascenso recomendado hacia la cumbre del Rigi, la reina de las montañas en Suiza. La experiencia de subir en aquel vagón suspendido por una cuerda de 48 milímetros capaz de soportar el peso de casi sesenta personas deslumbra por la sensación de sentirse sobre el aire y domar las alturas, pero también por el panorama de laderas nevadas y mares de neblina entre cadenas montañosas que el visitante contempla en una sucesión de instantes de belleza natural. Al comienzo, el verdor todavía impoluto de las faldas; más adelante, los primeros bosques de pinos que parecen insertos en una capa de nieve de tesitura suave y brillante como crema chantilly. Finalmente, cuando se atraviesa la niebla, hacia el horizonte se manifiestan los Alpes en su esplendor señorial y un océano de nubes impide recordar con la vista cuanto dejamos abajo.

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Por desgracia, los vientos del Sur nos jugaron una mala pasada. Un frente frío recorrió Suiza a partir del sábado provocando unos descensos drásticos en la temperatura de todo el país. En consecuencia, volvió a llover en Ginebra y nevó hasta los 400 metros de altitud. La blancura monolítica del Rigi aquella tarde se debía a este resurgimiento invernal. Sin embargo, también debimos soportar la ventisca que levantaba cual granos los pedazos de nieve contra nuestros rostros. De pronto, pisábamos y nuestras piernas se hundían hasta las rodillas en esa materia blanda y compacta. Cogíamos una pendiente y parecía que pronto tropezaríamos con nosotros mismos porque la nieve nos deslizaba y nos frenaba casi en simultáneo. Almorzamos en un restaurante a pocos metros del pico de la montaña, donde la simbólica antena de radiodifusión felicita al aventurero que logró alcanzar la cima. He tenido regalos de cumpleaños sorprendentes, pero ninguno como permitirme contemplar la sublimidad y la escalofriante imponencia de los Alpes suizos desde 1800 metros de altitud.

 

Mañana parto a Olten, donde Patrice, el esposo de mi prima Loyda. Al parecer, podré brindar con IncaKola. Este jueves saldré con una amiga a una cafetería en Place du Cirque. Pero esta historia la referiré en su debido momento.

 

2 Responses to “Los exámenes y el Rigi”

  1. Norma Says:

    Me parece muy importante hacer todas esas reflexiones de tu vida, al cumplir tus 25 y que bueno que te arrepientas de lo que crees que no lo hiciste bién, algunos tardamos mucho más para darnos cuenta de nuestros errores y cuando ya es demasiado tarde. Por eso debes disfrutar del presente, pero sin cometer los mismos errores. Por otro lado me conmueve la manera tan fácil, tan clara como narras todas tus vivencias y sobre todo los lugares que visitas, que hacen sentir como si estuviera en esos lugares tan maravillosos y mas cuando lo completas con las fotografías. Creo que no equivocaste la profesión, y aprovecha todo lo que puedas aprender. Felicidades José Carlos

  2. Patricia Says:

    Me ha encantado leerte, yo la verdad no se nada de escritura pero me gusta mucho leer, buscaba algo sobre Ginebra y me tope con tu blog, cuando lei lo que escribiste pense rapidamente que eras peruano y no me equivoque, yo tambien lo soy, una peruana que por ahora ha vuelto a la madre patria y que al leerte se ha sentido muy orgullosa de que seamos paisanos.
    Sigue escribiendo, me gusta mucho tu estilo.

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