Diario de Ginebra

Un salto de agua, una silla rota, las Naciones Unidas, la Cruz Roja, la tumba de Borges. Entre los 444,444 habitantes de la ciudad más internacional, limpia y puntual del mundo, habita un recién llegado, hambriento y presuroso de alcanzar el tranvía para tropezarse en plena rue de Laussane, cargado de esperanzas, impermeables y una hosca laptop. Este es un testimonio periódico de su estancia a orillas del lago Leman mientras delira entre quesos, relojes, chocolates, restaurantes kebab y pickpockets de la gare de Cornavin. La cotidianeidad de Ginebra, sus lerdos y felices lugareños, el déficit de alojamiento y la ausencia del pan francés: el autor les regala con desinterés la llave del diario.

El discreto encanto de la ideología Mayo 10, 2008

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Mayo de 1968

Hablemos sin caretas, admitámoslo, soy un burgués con tendencias neoconservadoras que interrumpen mi consciente compromiso liberal, un híbrido temeroso de perder la estabilidad, un bicho raro para mis amigos socialistas. Entonces resulta coherente que una frase como “Seamos realistas, pidamos lo imposible” apenas suscite un enternecimiento poético o cierto entusiasmo mientras lo interprete fuera de su contexto original, olvidándome de quiénes la pronunciaron por primera vez en París, durante mayo de 1968. Cuarenta años después de la revuelta estudiantil más evocada del siglo XX, los medios de comunicación europeos, en particular los franceses, han abordado la efemérides con una amplitud colosal. Desde entrevistas a los otrora dirigentes universitarios que, entre Nanterre y Quartier Latin, propusieron arrancar los adoquines para encontrarse con la playa, hasta redescubierto material fílmico de aquellos turbulentos días de barricadas, represión policial, quemas de automóviles y huelgas generales. Pareciera que, asumida la decadencia que atraviesa la cultura francesa contemporánea, luego de siglos de notable hegemonía mundial, convencidos de la elegancia, profundidad y sutileza de su literatura, artes plásticas, cine, cocina, alta costura, incluso del refinamiento de sus costumbres, los intelectuales galos sintieran la urgencia de marquetear su último instante de gloria, su canto del cisne cultural, como medio de defensa ante la globalización y para paliar el escándalo de verse opacados por el predominio estadounidense. Porque desde mayo de 1968, Francia no transformó al mundo jamás, solo aniquiló su influencia sobre el intelecto de Occidente e impuso una engorrosa herencia apodada “nueva izquierda”, la Escuela del Resentimiento, ese pelotón maniqueo de multiculturalistas, ecologistas, anarquistas, feministas y demás sectas, promotores de aquel sebo de culebra llamado Estado de bienestar social, acaparadores lingüísticos de lo políticamente correcto, de palabras como solidaridad, libertad o derechos humanos. Cierto: mayo de 1968 confirmó que el modelo soviético estaba fracasando, pero procreó nuestra versión actual de izquierda, oenegeísta, gauche caviar, subalterna. Llámenme derechista, facho, esbirro, como gustéis, pero este aniversario, desde mi condición de hijo de migrantes clasemedieros, solo puede conducirnos a una reflexión: que cuatro décadas han ayudado a magnificar un asunto de mediana importancia, idealizándolo hasta el heroísmo. Leer mayo de 1968 entre líneas, desmontar el aparato retórico alrededor de sus supuestos aciertos y deconstruir el discreto encanto de su ideología es responsabilidad pendiente para nosotros, sus hijos, los posmodernos. (más…)

 

Mujeres Abril 21, 2008

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Maison Tavel

El sábado pasado, por la tarde, decidí variar la rutina y visitar algún museo de Ginebra. Entre las diversas exposiciones de la Vielle Ville, la Maison Tavel, una célebre residencia del centro histórico cuya primera reconstrucción data de 1344, resulta curiosa y esclarecedora para comprender la evolución del cantón, la ciudad, sus habitantes y sus costumbres. La primera estancia es medieval, la segunda renacentista. Al subir al premier étage, accedemos a la Ginebra republicana y decimonónica. En la cava, se exhiben pesos, medidas, barricas y monedas de distintas épocas, pero lo interesante es enterarse de las sucesivas transformaciones del sótano desde el siglo XIII o mucho antes. Me acompañaba en esta travesía temporal una simpática amiga polaca a quien acabo de enseñarle a utilizar la palabra “pucha” como muletilla (quienes me conozcan, deben recordar mis hábitos lingüísticos). Dominika es bachiller en Historia del Arte y cursa también la maestría de Español. Sería poco caballeroso negar que admiro y envidio su destreza para los idiomas y la salsa, su desenvoltura y amabilidad para relacionarse y –desde luego, algo que siempre he demandado entre las mujeres-, su desenfado para sonreír con sinceridad. Siendo un recién llegado, Dominika fue la primera compañera de clases en el campus de Philosophes en acercarse a conversar conmigo cuando apenas daba vueltas en torno al pasillo para matar el aburrimiento y desde entonces, congeniamos por divina providencia (debería resaltarlo, porque como buena varsoviana es católica practicante, aunque en escasas ocasiones tratáramos asuntos religiosos). Sin embargo, nuestro vínculo se mantiene en estrictos términos amicales. Llámenlo actitud derrotista, pero intuyo que nuestra relación es demasiado hierática para suscitar pasión, la condensada dosis de estima y respeto frustrarían todo afán trangresivo, cualquier deseo o mera atracción. En síntesis, terreno fértil para una amistad duradera. Hago la aclaración porque en sucesivas ocasiones amigos y familiares han redundado en preguntas y comentarios, plagados de prejuicios y fantasías comunes al imaginario latinoamericano, acerca de las mujeres europeas. Aunque recibo con humor aquellas interrogantes, debo confesar que me incomodan sobremanera. Primero, porque detesto los cacareos machistas (y feministas) incluso cuando pretenden ser amigables y picarescos. Segundo, porque detrás de semejantes ilusiones pervive un sustrato de pensamiento tercermundista que siempre anhelé desterrar de mi entorno. A continuación, me dispongo a desbaratar sus falacias, supercherías y monomanías, y responder, por primera y única vez, esas estúpidas preguntas. (más…)

 

El fin de la Historia Abril 12, 2008

En 1992, el filósofo y pensador político norteamericano Francis Fukuyama atestó el golpe final contra el siglo de los grandes relatos ideológicos en un libro determinante para el debate posmoderno: El fin de la Historia y el último hombre. La década del noventa, inaugurada el 9 de noviembre de 1989 (con el derrumbe del muro de Berlín) y finalizada el 11 de setiembre de 2001 (con los atentados al World Trade Center), desmanteló el aparato mental de la Guerra Fría, terminó por descartar la viabilidad del bloque comunista y sustituyó la confrontación ideológica o la lucha de clases que había caracterizado a las décadas anteriores por el “choque de civilizaciones” de Huntington. Los noventas erigieron un discurso distinto a aquel que alcanzó su auge durante los sesentas (es decir, la urgencia de un enfrentamiento entre capitalismo y socialismo): para los noventeros y quienes crecimos y nos criamos durante aquellos años, la izquierda de antaño pasó de la caducidad a la nulidad y, como expone Fukuyama, el camino trazado por la democracia liberal es, sino el único, el más recomendable para alcanzar el desarrollo. La economía concierne al hombre común más que el relato utópico de las ideologías modernas y con ello debemos convivir incluso los mismos liberales: la Historia como gran vaivén de confrontaciones terminó. No había tenido experiencia de este quiebre sino hasta mi llegada a Suiza. A pocos meses de mi estadía me percaté de que, excepto ciertos sucesos políticos de escasa importancia, no ocurría nada notable y que las páginas políticas de cualquier diario ginebrino eran quizá las menos atractivas. Cuando mis familiares y amigos me preguntan por internet o teléfono qué novedades, me desespera no poder contestarles porque, aparte de mi rutinaria aunque entretenida labor intelectual, no sucede nada digno de remarcarse. Ni siquiera el clima, el desfase horario, la puntualidad del transporte o la diferencia de hábitos y caracteres pueden haberme afectado tanto como este progresivo acostumbramiento a la inmutabilidad, a la carencia de acontecimientos y peripecias. Ahora descubro los motivos de este aturdimiento. Permítanme exponerlos. (más…)

 

Un oso de Berna Abril 7, 2008

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Conejitos de chocolate

Para Pascuas regresé a Rudolfstetten, donde pasara mis primeras noches en Suiza y donde siempre soy recibido con calidez por mis tíos Samuel y Nidia. Pâques es una celebración extensa en Suiza, comienza el jueves desde mediodía y se prolonga hasta el lunes, incluido como feriado. El chocolate cobra un protagonismo casi navideño. Huevos y chocolates abundan en los supermercados y productores artesanales. La fluctuación de viajeros también se incrementa en toda estación de trenes y quienes subimos al Intercity en Cornavin agradecemos la disponibilidad de asientos tratándose de la segunda estación rumbo a Saint-Gall. Como en ocasiones anteriores, el capricho del controlador me obligó a realizar una parada en Berna para acceder a un segundo tren hasta Aarau (luego, el tercero, hasta Dietikon; y el cuarto, hasta mi destino final). Sin embargo, comparto la opinión de mi profesor Félix de Azúa, quien, nuevo en estas lides ferroviarias suizas, compara al funcionario público hispánico con el servicial empleado suizo y llega a la conclusión de que Suiza es una república de ciudadanos, no de súbditos. Lo comprueban no la solidez de sus instituciones, sino la eficiencia y el respeto al pasajero, cliente, alumno. [Pronto hablaré más sobre este profesor, quien dicta quizá la mejor cátedra que vengo llevando este semestre. Conocido blogger, filósofo, nominado a la Real Academia, ganador del premio Alfaguara, de Azúa enfoca su curso sobre El acabamiento de la Modernidad desde una perspectiva provocadora, tanto que cuesta estar de acuerdo en la totalidad de sus propuestas; sin embargo, ese intercambio es enriquecedor]. (más…)

 

Unos extraños aplausos Marzo 14, 2008

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Nunca esperé ser aplaudido en Ginebra. Tampoco esperaba reencontrarme tan pronto con una pasión que creía olvidada: pararme frente a un salón y dictar una clase. Hace varios días, con amargura pero alborozo les contaba que, aunque pretendiera eludirlo, el Perú me perseguía como una sombra inquisidora. Olvidaba mencionar un episodio del seminario sobre Ensayo Latinoamericano que había decidido, de manera casual, movido por mi curiosidad, llevar como alumno libre. El profesor Azoughart, encargado de la materia, al verme entre sus estudiantes, sin mediar negociación alguna me entregó de golpe La utopía arcaica (nuevamente Vargas Llosa) para preparar una exposición que complementara el análisis sobre indigenismo y problemáticas de identidad nacional. Le advertí que aceptaría el ofrecimiento considerando que ningún compañero estaba en condiciones de manejar un panorama vasto y erudito sobre historia de la cultura peruana, pero que lo haría por amor al arte porque no necesitaba una atestación (ya había cumplido los créditos de Literatura Hispanoamericana). Mientras preparaba mi exposición y me reencontraba con un libro polémico dentro de su propia consistencia, recordaba mis anteriores presentaciones en Ginebra, casi todas aburridas y atropelladas, siguiendo la pauta de un texto preestablecido desde días antes y ante lo ajustado del tiempo, leídas a la carrera con el tedio de un coloquio académico. De aquellas exposés había salido molesto, insatisfecho, creyendo haber efectuado un soliloquio pesaroso que apenas inquietaba al profesor, sin haber iluminado a mis compañeros sobre la interpretación de un texto o haberles aportado perspectivas originales para su comprensión. Había redactado seis páginas a espacio simple como guía cuando me atreví a cambiar de estrategia y, encerrándome en mi recámara de Epinettes, ensayé mi disertación determinado a captar al público desde las primeras líneas, acentuando datos, resaltando definiciones, extendiendo alguna explicación, paseándome por un altillo imaginario y recuperando esas mímicas, entonaciones y apelaciones que creía olvidadas desde mis años de instructor en el Departamento de Letras de la Universidad Católica. El resultado superó mis expectativas. (más…)

 

Como un pez en el agua Febrero 26, 2008

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Ha empezado el semestre de primavera en Ginebra. Después de algunas semanas de vagancia que invertí reescribiendo varios capítulos de una novela, Parábola del Orfanato, he regresado a las aulas de los bâtiments de Bastions y Philosophes, donde recibo la mayoría de seminarios del Master. Al primer edificio, sede emblemática de la Universidad desde 1873, puede accederse también a través del célebre Parc des Bastions, quizá el área verde más visitada y hermosa de Ginebra, entorno natural y arquitectónico donde el campus se encuentra asimilado hasta integrarse a su armónica jardinería. Sus vitrales y somero estilo neoclásico, sus viejas aulas dispuestas en forma de anfiteatro, el salón donde Saussure dictara su célebre curso de lingüística general, el entrevero idiomático de clases en alemán, italiano, francés, inglés, español y ruso, jóvenes islámicas portando el velo, europeas en abrigos y medias de nylon, los fumadores del pasadizo al Aile Jura: Ginebra ha recuperado su pacífico pero eficaz ritmo académico, los almuerzos en Dufour e incluso las tardes de lectura en sus cálidas bibliotecas. Sin embargo, el Perú –una costumbre, una desolación- reapareció con un signo inesperado esta semana durante un curso sobre escritura autobiográfica. (más…)

 

Caíste, Faverón Febrero 11, 2008

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Conversando (vía Messenger) con mi amigo Jesús Hidalgo sobre cómo sorprender a los lectores habituales del blog con alguna broma por mi cumpleaños, me sugirió “confesar” que administraba la polémica y vapuleada página Puertoelhueco. Meditándolo durante algunos días, una apetitosa idea, aún más fascinante y provocadora, irrumpió en mi mente: “desenmascarar” a la misteriosa Vaca Profana, reseñista de Terra Perú, asumiendo su personalidad. El contexto y los antecedentes otorgaban verosimilitud a tamaña travesura: durante cierto tiempo, circularon rumores sindicándome como perpetrador de ignominiosas reseñas contra figuras mayores del canon literario reciente escudándome tras esta figura seudónima. Sin embargo, mi propósito más pretencioso (ignoro si llegó a cumplirse como deseaba) era provocar la reacciones de quienes ingenua o maliciosamente creían en semejantes patrañas y se encargaban de difundirlas a través de la blogósfera. Sin ocultar cierta inofensiva perversidad, apenas buscaba reírme con las nefastas consecuencias de aceptar a pie juntillas la información que se distribuye a través de internet y basarse en ellas para hacer escarnio de personas no involucradas en el asunto. Me refiero en concreto a Gustavo Faverón quien, sin contar con pruebas que certifiquen sus aserciones (además de mi ficticia “confesión”), inmiscuye de inmediato a Alexis Iparraguirre en un hipotético juego de elogios conmigo a través de la Vaca leyendo sus reseñas de manera tendenciosa y, como podemos ahora comprobarlo, irreal, nacida de la neurosis y los delirios de persecución de su autor, como si poblara sus demenciales pesadillas, sus arrebatos de intelectual incuestionable. Alexis podría acusarlo con tranquilidad por difamación, pero dudo que practique el amedrentamiento legal siquiera para replicar a sus contendores.

No espero una disculpa de Faverón, su orgullo se lo impediría. Sin embargo, reclamo que restituya la honorabilidad de las personas que insultó amparándose groseramente en mi post por medio de endebles argumentos que inducen a sospechar que estos individuos participaron de acciones fraudulentas. La debilidad de sus premisas manifiesta cuánto esperaba la confirmación de sus falsas intuiciones para poder insultar a diestra y siniestra. Porque su destemplada y ahora patética reacción a esta tomadura de pelo (lo admito, quería “vengarme” al sentirme burlado como muchos cuando Faverón, Salas y Rendón tramaron su inocentada en el Gran Combo Club) demuestra la paranoia de tenerme en constante vigilancia, cual supervisor de la moral y las buenas costumbres, incluso cuando me he alejado de las vanas disputas literarias locales, habiendo optado por comenzar un nuevo proyecto de vida donde la literatura ocupará su verdadero sitial, desintoxicándome del saturado medio cultural peruano donde abunda la malevolencia y el desprecio.

Qué lástima por quienes se apresuraron a secundarte, pero ¡caíste, Faverón!

 

Una línea (equi)distante Febrero 9, 2008

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Hace poco escribí acerca de Wong y quizá muchos amigos y familiares peruanos se sorprendan ante mi posición respecto del litigio planteado a Chile por el Estado Peruano ante la Corte Internacional de La Haya. Ser patriotero no exige esfuerzo, sino convertir la necedad en una virtud. Ser imparcial resulta con frecuencia doloroso porque amar un país implica siempre condenar sus defectos. Aquella tarde cuando pude, mediante la página web de El Comercio, contemplar un fragmento de la alocución de Alan García ante el Congreso de la República, sentí una tristeza abismal, una incomprensión amarga hacia el Perú, ese sentimiento henchido de contradicciones, de impotencia, de cólera hasta renegar de esa imborrable condición de peruano, aunque tarde o temprano emerja un destello de reconciliación. Pueden imaginarse, entonces, pasando por alto la maraña de hipocresías del Acuerdo Nacional (donde los partidos convinieron despolitizar en teoría este asunto), la posición peruana sobre los límites marítimos me parece ridícula e irreal, y el recurso a la competencia de La Haya en estos momentos apesta a torpeza malintencionada, una inconveniente artimaña política del aprismo y determinados sectores del antichilenismo peruano (con el apoyo masivo de una población idiotizada por el nacionalismo huero profesado por sus políticos), entre ellos, las instituciones castrenses quienes requieren cebar al monstruo de la “amenaza chilena” (como hicieron desde 1995 con el terrorismo) para amedrentar a la población y fingir vigencia. Levanten las manos quienes han escuchado aquel rumor (o leyenda urbano-industrial) donde se asegura que dentro de diez/quince/veinte años (la cantidad siempre varía, fíjense) Chile se quedará sin recursos naturales (algunos dicen sin agua, otros sin reservas gasíferas, pero cómo se manifiesta la mentalidad tercermundista que antepone las materias primas a la industria manufacturada como motor de desarrollo) y deberá invadir al Perú porque en el imaginario geopolítico de este chisme, Argentina y Bolivia no existen o son tierras baldías. Ahora levanten las manos quienes cuentan con cifras precisas, muestreos, gráficos, estadísticas, pruebas palpables que demuestren su veracidad. ¿Nadie? ¿Y cómo pudieron creérselo? ¿Por cuánto tiempo las castas militares seguirán introduciendo sus fantasmas en el traumatizado imaginario peruano? (más…)

 

Los exámenes y el Rigi Febrero 4, 2008

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Mañana cumpliré 25 años. Un cuarto de siglo de errores y aciertos merece un balance emocional. Me considero feliz de haber optado por una profesión y un oficio sacrificados, pero gratificantes. Siento mucho haber perdido amigos por rencillas innobles. Lamento, para quienes lastimé o decepcioné, haber extremado mi compromiso hacia las libertades individuales, sin arrepentirme ni retractarme. Me enorgullezco de mi familia, deploro mis instantes de ingratitud y crueldad, incluso cuando la pasión provocó una rebeldía enfermiza, un amor intransigente. Celebro haber publicado un libro, haber terminado una carrera, haberme reunido durante tres años consecutivos cada fin de semana con mis mejores amigos guardándoles una fidelidad fraternal, haber querido a tres mujeres de manera errónea, sobredimensionada y desilusionada, haber marchado contra una dictadura, haber tolerado la hepatitis, la epilepsia y la fiebre de Malta, conocer España y Suiza, haber trabajado con honradez y beneplácito al frente de decenas de estudiantes de la universidad más importante de mi país durante siete semestres, haber dicho o escrito cosas indebidas en momentos cruciales, ser beatlemaníaco sin cura, aficionado al anime y las papas al hilo, fan de Transformers, hincha de Alianza Lima y enamorado imposible de Audrey Hepburn, haber reseñado en la Vaca Profana, haber hecho política estudiantil y aprendido latín, inglés, francés y algunas palabras en quechua. Deploro haber maltratado a personas inocentes, haber secado mis lágrimas desde los catorce años, haber pegado afiches de Alan García en 1985, haber defendido a Fujimori, haber gastado mis propinas en chicles y galletas, haberme emborrachado hasta perder la conciencia y seguir creyendo en la bondad humana aún cuando Hobbes siguiera reprochándomelo. (más…)

 

La sorpresa, ¿se llama Persépolis? Enero 22, 2008

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Según muchos cinéfilos entendidos (mi alejamiento del cine es pecaminoso), la Academia suele acertar pocas veces con sus juicios al momento de galardonar determinados filmes. Sin embargo, el óscar sigue siendo el premio consagratorio por excelencia para la cinematrografía, otorgado durante una ceremonia de gala cuya audiencia solo puede ser superada por los mundiales de fútbol. Quedan advertidos, entonces, que respecto al cine en sentido amplio carezco de autoridad por mi ausentismo generalizado. No obstante, siento mayor autonomía crítica y creo detentar un mínimo de recursos cuando se trata de emitir una opinión respecto a filmes o series de animación y con soltura de huesos les confesaré que mi película favorita tiene exiguas posibilidades de llevarse la estatuilla, pero en caso lo consiguiera, la Academia confirmaría un giro conceptual gestado en Japón desde los años setenta y ochenta, que en Estados Unidos ha venido a manifestarse en la comedia mordaz (Los Simpson, Southpark, Family guy) y en Europa con largometrajes como la francesa-iraní Persépolis: que los dibujos animados han dejado de considerarse asuntos de niños o relatos APT (apto para todos), y por el contrario, manipulados por directores y guionistas sagaces como Marjane Satrapi, pueden convertirse en plataforma de expresión de inquietudes políticas, estéticas, emotivas, tan complejas que pocos niños llegarían a comprenderlas sin orientación paterna. Si Persépolis derrotara a Ratatouille y Locos por el surf este año, sería un justo reconocimiento para la animación de público adulto, cuyos adeptos consideramos el diseño de personajes y ambientación aspectos tan complicados y trascendentales como la dirección actoral. La implementación de nuevas técnicas ha favorecido las capacidades expresivas del género convirtiéndolo, quizás, en un medio más plástico que el cine live action. La animación permite todo, incluso cuando se permanece en el clásico territorio 2D (no somos pocos quienes ya nos hartamos de los monigotes tridimensionales). (más…)